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Bienvenidos al Foro de intercambio.

Para comenzar pareció inevitable y necesario que el primer Foro de intercambio propuesto tuviera como tema el Voto Consular. De cara al plebiscito de octubre, se hace muy necesario poner el tema sobre la mesa, para escuchar las voces de los beneficiados por la reforma constitucional que lo instituye.

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La participación democrática no pasa por votar una vez cada cinco años, pero está claro que cuando se pide la participación y el aporte de los uruguayos que viven fuera del país, al mismo tiempo, se debe reconocer el derecho a participar en la elección democrática de sus representantes.

El debate se iniciará con una ponencia sobre los argumentos a favor y en contra del voto consular, a cargo del Politólogo Adolfo Garcé, moderador del foro.

Para abrir un debate sobre el voto desde el extranjero

Adolfo Garcé
Instituto de Ciencia Política
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de la República

 

Una tendencia mundial


El voto en el extranjero viene avanzando rápidamente. Según el relevamiento realizado por IDEA (2007), 115 de los 214 países considerados democráticos autorizan alguna forma de votación a sus ciudadanos en el extranjero. La tendencia a la consagración de este derecho se ha hecho especialmente visible en las últimas dos décadas: desde 1991 a la fecha se sumaron 50 países a la lista de los que lo incluyen en su legislación electoral.

Causas
La literatura relaciona la expansión del voto en el exterior con la globalización económica, el incremento de las migraciones y la expansión de los valores y derechos democráticos. El crecimiento exponencial registrado durante las últimas dos décadas del número de países que autorizan el voto en el extranjero puede interpretarse, además, como un caso de transferencia de paradigmas de políticas (“policy transfer”) similar al de la multiplicación de reformas electorales autorizando la reelección presidencial y el balotaje vivido por América Latina en los últimos años.

Cuatro modalidades
a) Voto personal: el votante en el extranjero se desplaza a un lugar (por ejemplo, la embajada de su país), y allí vota. Es el medio más frecuente: es usado en 54 países. Los defensores de este sistema consideran que tiene dos grandes virtudes: en primer lugar, permite conservar algún parecido con el proceso electoral del país; en segundo lugar, permite mantener un nivel razonable de garantías y transparencia. El sistema tiene dificultades operativas: es muy costoso instalar oficinas que ofrezcan garantías suficientes en todos los lugares de la diáspora.
b) Voto epistolar: el votante envía su sufragio por correo desde su lugar de residencia hacia su país de origen. Este sistema ha sido adoptado por 25 países, entre ellos, muchos miembros de la OCDE. Su principal ventaja radica en su sencillez. Su principal inconveniente es no asegura que quien emite el sufragio sea efectivamente el titular del derecho.
c) Voto por proxy, procuración o pareo: el votante residente en el extranjero delega en una persona de su confianza el derecho al voto. Es el mecanismo menos utilizado y el que menos preservaría principios esenciales del sufragio. Se le critica muy especialmente que infringe el principio del voto único y secreto. No obstante, tiene la ventaja de ser técnicamente simple y poco costoso desde el punto de vista económico.
d) Medios electrónicos: el elector registra su voluntad en dispositivos electrónicos y no en papel. Algunos países están estudiando la posibilidad de permitir el registro remoto del voto a través de Internet. Esta alternativa presenta perspectivas muy atractivas pero problemas obvios de seguridad.

Argumentos en contra
a) “Hay que distinguir nacionalidad y ciudadanía”. Es posible integrar una nación pero no tener los derechos políticos implícitos en la condición de ciudadano. Es la ciudadanía y no la nacionalidad, la verdadera fuente de los derechos políticos.
b) “Únicamente deben ser considerados ciudadanos aquellos que están sujetos a las leyes del país”. El voto en el extranjero debería estar limitado solamente a quienes están de viaje, estudiando, o trabajando en otros países por un período limitado (por ejemplo, 4 o 5 años).
c) “Los emigrantes no se hacen responsables de las consecuencias de sus decisiones electorales. ¿Es justo que quienes viven en el exterior terminen incidiendo en la selección del elenco, en la agenda y en las políticas de un gobierno que no los va a afectar?”. De acuerdo a este razonamiento, la participación de quienes viven en extranjero en los asuntos políticos del país de origen es injusta e inconveniente.
d) “Implementar un sistema de voto en el exterior es muy difícil y costoso. En especial, la votación desde el exterior no ofrece suficientes garantías contra el fraude”. Los problemas de implementación no son desdeñables.

Argumentos a favor
a) “Las fronteras de las naciones se están desdibujando. La ciudadanía ya no puede definirse por el territorio”. Gracias al desarrollo de los sistemas de comunicaciones, muchos de los emigrantes se mantienen estrechamente vinculados a su país de origen. Las fronteras de los estados cada vez corresponden menos a las naciones. No deberían, por lo tanto, ser decisivas a la hora de asignar derechos de ciudadanía.
b) “El derecho al voto es un derecho humano fundamental”. Todos los hombres son iguales, todos tienen derechos políticos, todos tienen que poder ejercerlos. Mirado desde este punto de vista, el voto en el extranjero contribuye a aumentar la calidad de la democracia en la medida en que favorece el incremento de la participación.
c) “El voto en el extranjero permite reforzar los lazos de pertenencia de los emigrantes respecto al país de origen”. El derecho al voto es una herramienta que ayuda a mantener ligada al país a una población dinámica, valiosa para el desarrollo nacional, que defiende y promueve los intereses del país.
d) “Es perfectamente posible construir un sistema confiable de voto en el extranjero”. Muchas naciones han logrado poner en funcionamiento mecanismos de voto en el extranjero confiables. No parece razonable suponer que Alemania, Argentina, Brasil, EEUU, Reino Unido o España aplican el voto en el extranjero al precio de soportar prácticas fraudulentas. Obviamente, han logrado encontrar la manera de generar mecanismos capaces de ofrecer suficientes garantías.

El debate en Uruguay. A pesar de la existencia de una fuerte corriente emigratoria y de una numerosa diáspora, en Uruguay la discusión acerca del voto en el extranjero se instaló de modo comparativamente tardío. Una de las primeras iniciativas legislativas del gobierno del FA fue la presentación de un proyecto de ley orientado a permitir el voto epistolar. El proyecto no fue apoyado por los legisladores del Partido Nacional y del Partido Colorado y, en consecuencia, no se alcanzó la mayoría de 2/3 exigida por la Constitución para la aprobación de leyes electorales. Sin embargo, la discusión continúa. Se creó una comisión nacional para promoverlo.